La Literatura me ayuda en múltiples ocasiones en la transmisión de estos valores.
La elección del fragmento adecuado y la posterior reflexión sobre el contenido del mismo, es una práctica tutorial sencilla y exitosa.
Recuerdo con especial cariño el fragmento en el que Peribañez recita a su reciente esposa Casilda el abecedario para que su matrimonio funcione y la respuesta de Casilda. Aquella clase fue “apoteósica” : críticas, discusiones. Cada alumna escribió después su propio abecedario para que su futuro matrimonio funcionara.
Mensaje que recibe el alumno: la Literatura me enseña también formas de comportamiento que podré poner en práctica en mi vida.
El cine, otra forma de comunicación y más atractiva para los alumnos que los textos , también nos ayuda. Cualquier película con una buena selección de fotogramas puede servirnos.
Se me ocurre que entre todos podríamos hacer un banco de textos literarios y de fragmentos de películas para trabajar valores.
Bien se sabe que el aprendizaje de valores es un camino. Podemos intentar implementarlos a través de un libro, transformarlo en una aventura existencial o hacer de él un viaje organizado. Los resultados serán muy diferentes según el método elegido, así como también lo será el nivel de aburrimiento de profesores y niños, según el camino que recorran juntos. El mejor aprendizaje es el activo, pero necesita una guía que respete los procesos personales de cada uno.
En los contenidos básicos de los programas de enseñanza, encontramos bloques específicos acerca de la enseñanza de valores, que son reconocidos universalmente porque están basados en la dignidad de la persona y la naturaleza humana. Así, se promueve el bien, la búsqueda de la verdad, la convivencia, la solidaridad, amistad, comprensión mutua, la tolerancia, la honradez, y muchos más. Se enseñan todos los valores posibles pero, a menudo, separadamente, como bloques de un tema fijo.
Sin embargo, en todas las áreas se aprenden valores, y éstos no se enseñan como temas separados y repitiéndolos, sino que deben ser vividos en la vida cotidiana de la sala y de la institución. Esta transformación curricular se debe realizar en una forma diferente, flexible en el uso de tiempos y espacios, en la que los docentes y alumnos aprendan en equipo y participen activamente en el proyecto institucional.
Estos temas preocupan a la sociedad y preparan al sujeto para formar una personalidad crítica, autónoma, capaz de defender sus derechos y respetar a los demás. No deberían ser agregados yuxtapuestos a otras áreas, sino que deberían darse a los temas cotidianos una óptica nueva, en profundidad, para dar sentido e interés a esas mismas áreas.
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